CONTINUACION DEL CAPITULO
Recostada contra su pecho tenía a una niña sin nada más que un pañal y una camiseta de algodón. Apoyaba la cabeza contra su hombro y lo abrazaba por el cuello.
Por un momento se le empañaron los ojos. Su hija, su unica hija, se abrazaba a su peor enemigo como a una roca de la que dependiera. Entonces aquella cabeza cana se volvió y los ojos dorados de viejo cazador bus¬caron los de ella. Su expresión le heló la sangre en las venas.
Expresaban posesión, una posesión fiera. Por fin Dulce comenzó a comprender. Era a su hija. En su enfer-medad, Alfredo había visto próxima la muerte. Se había soñado a sí mismo en su lecho de muerte sin haber te-nido la oportunidad de abrazar a su nieta. Ya no tenía importancia alguna que esa niña fuera de Dulce. La que-ría. Y lo que Alfredo Santino quería lo conseguía, aun¬que tuviera que robar para ello, aunque tuviera que so-portar a la mujer que odiaba. Quería a Lía. En su mente ya no cabía duda alguna de que había sido Alfredo quien la había raptado.
-¡No! -gritó Dulce de pronto de forma instintiva en¬caminándose hacia él y viendo horrorizada cómo él se abrazaba a su hija en un acto convulsivo negándose a aceptar la separación.
-¡Ella no quiere estar con nadie más que conmigo! -exclamó Alfredo con expresión de triunfo-. ¡Mira cómo se abraza a mí, míralo!
-¡No! -gritó Dulce de nuevo negándose a aceptarlo y negándole su derecho a sentir aquello por su hija tal y como él se lo había negado a su propio hijo.
Entonces la niña, como si hubiera notado la cercanía de su madre, suspiró temblorosa contra el hombro de Alfredo llamando la atención de su madre. Y de pronto Alfredo fue relegado al olvido. Christopher, tenso aún en el umbral, fue igualmente relegado al olvido. Dulce lo ol¬vidó todo al ver cómo su hija, con sus rizos rubios, gi¬raba lentamente la cabeza y miraba hacia arriba, a su madre, dejando escapar otro suspiro y levantando un brazo hacia ella.
Se inclinó, agarró a la niña y la abrazó poniendo una mano sobre su espalda y la otra sobre su cabeza. La niña se acurrucó contra ella abrazándola y hundiendo el ros¬tro en su pecho. Y entonces nadie se movió. Nadie ha¬bló. Dulce simplemente se quedó en pie con los ojos ce¬rrados y la mente en blanco. Lo que sentía era algo tan profundo que no se mostraba en su rostro.
SIGUE ABAJO
On April 11 2010
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joha_wn_vondy
On 29/07/2010
holaaaaaaaa
xfaaaaaaaaaaa vuelve
m lei todas las webs q subist
no avandons los flogs
bsssss
yerma_vargas
On 28/05/2010
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vanee_rbd
On 23/05/2010
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dyc_novela
On 12/05/2010
hola
espero que estes bien
soy nueva
y comenzare a escribir una webnovela
pasate
effez
diegobonetachile
On 09/05/2010
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Atte:
Presidenta DiegoBonetaChile
yani_gatix
On 12/04/2010
que hijo de putaaaa e viejo choto ese grr....
hay como puede q madad y el pelotudo de chris esta mas ciego q un topo..
no pude creer en ese viejo
seguilaaaaaa
me encanta la web
besiss
rbd_mty_8
On 11/04/2010
[U] KE TAL ESPERO Y TE ENCUENTRES BIEN
LINDA PICK DE UCKER
CAMBIO FOTOS
ESPERO TU FIRMA
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BYE[/U]
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On 11/04/2010
Blanco y negro. Para Christopher todo era blanco o ne¬gro. Y Alfredo tenía un punto a su favor: ella era inca¬paz de demostrar que nunca había tenido un amante.
-¿Signara? -dijo Fabia, de pie a su lado-. La bambina. Por fin duerme tranquila cuando la abraza su madre.
Estaba dormida. Dulce miró para abajo sorprendida al descubrir lo rápidamente que se había dormido Lía. Al fin respiraba serena, a salvo con su madre. Las lágrimas invadieron sus ojos, lágrimas de amor y de miedo a una pérdida.
-No llore, signara... Ahora está a salvo. El señor Christopher se ha ocupado de ponerla a salvo, no tiene que pre¬ocuparse ya más.
Sí, era cierto, por fin estaba a salvo. Pero a pesar de todo sospechaba que, en lugar de acabarse, sus preocu¬paciones no habían hecho más que comenzar. Alfredo quería a su nieta y no quería a su madre. Había sido muy inteligente al llevárselas a ambas a Sicilia con las bendi¬ciones de Christopher. ¿Acaso su siguiente movimiento con¬sistiría en hacer que ella se marchara mientras Lía se quedaba?, Se preguntó.
HASTA AHI
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On 11/04/2010
Dulce se interrumpió. Iba a decir «un hombre con¬fuso». Sin embargo no terminó la frase, se quedó ató¬nita. Christopher nunca en su vida había estado confuso. Para él las cosas eran blancas o negras. La confusión re¬sidía en aquellas zonas grises que él simplemente no re¬conocía. Y esa era la razón por la que su matrimonio ha¬bía sido tan difícil. Porque Alfredo, conociendo a su hijo, había nublado cuidadosamente todo lo relacionado con ella creando zonas grises en las que reinaba la con¬fusión y la falta de entendimiento.
Igual que estaba haciéndolo en ese momento, pensó. Hubiera deseado saber qué quería el anciano en esa oca¬sión. Sabía por instinto que quería algo. ¿Pero qué? Se preguntó. ¿A su hija, quizá?
Sin embargo nunca podría quedarse con Lía sin ha¬cerle a Christopher creer que él era su padre. Y entonces ten¬dría que hacerle dudar que ella fuera una adúltera y toda la verdad saldría a la luz. ¿Se atrevería Alfredo a arriesgarse a que se supiera la verdad?, Se preguntó. ¿Se atrevería a arriesgarse a que su hijo descubriera lo que había hecho? ¿O tendría otro plan? ¿Intentaría convencerlo, de que Lía era su hija sólo por pura casualidad y no debido a su fidelidad?, Se preguntó. En ese caso Christopher reclamaría a la hija y rechazaría a la madre.
Aquel pensamiento la hizo temblar. Temblaba de miedo, sabía lo que significaba enfrentarse a Alfredo.
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On 11/04/2010
-¡Abuelo! -exclamó afectuosa haciendo que Dulce casi volviera a perder el control.
El tono de voz era tan cariñoso que le afectó incluso a Christopher, quien seguía agarrándola y urgiéndola para que entrara.
-Eres un idiota, Christopher, siempre lo has sido en lo que concierne a tu padre.
-Siéntate -respondió Christopher autoritario ignorando el comentario y empujándola para que se sentara en una silla-. Ésta es Fabia -Dulce la miró. Sonreía nerviosa. No era mucho mayor que ella, pero sus ojos y su cabello os¬curo eran típicamente sicilianos-. Fabia está aquí para atenderte. Comenzará por subir tu equipaje. Te sugiero que intentes tranquilizarte y tranquilizar a la niña. ¿Pa¬dre...? -añadió volviéndose hacia Alfredo-. Necesita¬mos hablar.
Para sorpresa de Dulce un Alfredo renovado, obe¬diente y sumiso, se retiró accionando los mandos eléc-tricos de su silla. Entonces se hizo el silencio. Lía le¬vantó el rostro del pecho de su madre.
-¿Hombre malo ido?
Dulce se recostó sobre el respaldo de la silla y la acarició.
-No es un hombre malo, Lía, es sólo...
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On 11/04/2010
Christopher! -lo regañó Alfredo inesperadamente-. ¡Estás asustando a la bambina
Lía seguía llorando mientras Dulce permanecía en pie temblando de rabia ante la sola idea de que su niña, de que cualquier niña, tuviera que experimentar la maldad humana.
-Mi padre tiene razón, estamos asustando a la niña -dijo apretándole el brazo-. Vuelve adentro. Todos esta¬mos nerviosos. Ven...
Su mano la urgía a entrar. Renuente, lo hizo al fin dándose cuenta que por el momento no tenía elec¬ción. Ambos tenían razón; estaban asustando a la niña. Lía ya había sufrido bastante, no necesitaba que la acti¬tud hostil de su madre la confundiera aún más. Pero al llegar a donde estaba Alfredo, sentado tenso sobre su si¬lla de ruedas, paró un momento y lo miró expresándole con los ojos que lo sabía todo.
Aquello ojos de cazador la miraron y luego se suavi¬zaron para mirar a la niña y sonreír. La niña respondió de inmediato a su sonrisa.
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On 11/04/2010
¿Abuelo?, Recapacitó Dulce abriendo de pronto los ojos.
-¿Qué diablos...? -murmuró Christopher, poniéndose tenso tras ella.
-Necesitaba confianza -se defendió Alfredo-. Se la di del unico modo que se me ocurrió.
Era un mentiroso, pensó Dulce acusándolo con la ex¬presión de sus ojos. En un brote de ira repentino se soltó de Christopher y abrazó a su hija protectoramente mientras miraba a ambos hombres reflejando en sus ojos la con¬dena.
-Sois mala gente -susurró tensa.
Luego se dio la vuelta y salió por el balcón hasta la terraza a tomar el aire.
-¡Dulce! -gritó Christopher con voz autoritaria haciéndola parar en medio de la terraza y agarrándola del brazo-. ¿Adónde diablos crees que vas?
-Déjame que me marche -susurró.
-¡No seas estúpida!
-¡Pero ya lo has visto, Christopher! -dijo volviéndose para mirarlo-. ¡Fue él quien lo hizo! Él fue quien lo pla-neó todo por razones puramente egoístas. Y...
-¡Cállate! Te avisé que no volvieras a repetir esas acusaciones.
Él no se daba cuenta, pensó Dulce desesperada. Nunca vería a su padre tal y como era. El tono fuerte de su voz hizo que Lía levantara la cabeza y lo mirara volviendo de nuevo a gritar asustada.
-¡Hombre malo otra vez!
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On 11/04/2010
El luminoso azul se encontró con el dorado. Y mien¬tras Dulce libraba una batalla interior a su lado tuvo lugar una comunicacion entre padre e hija que hizo reír sofocadamente a Alfredo y apretar los dientes a Christopher tras sus labios tensos.
Porque aquella niña era sin ninguna duda de Dulce. Te¬nía su suave y dorado cabello, sus deliciosos labios, su piel delicada y pálida y sus enormes y preciosos ojos azules. No había en ella ni rastro de origen siciliano, ni siquiera una sola señal del inglés de cabello oscuro con el que Dulce lo había engañado. La niña parecía un ángel, cuando lo cierto era que su aspecto hubiera debido ser el de un dia¬blo. Su primer impulso fue el de soltarlas a ambas.
-¡Sujeta a la niña, deprisa! -dijo Christopher en un in¬tento por liberarse de la violenta emoción que lo domi-naba.
Sus sentimientos debieron de reflejarse claramente en la expresión de su rostro, porque la niña torció la boca y abrió mucho los ojos asustada y llena de lágri¬mas.
-¡Más hombres malos! ¡Quédate conmigo, mamá! ¡No más hombres malos, mamá! -lloró abrazándola-. ¡Abuelo!
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On 11/04/2010
Capitulo 7
ERA COMO ser testigo de la unión más espiritual que la vida puede ofrecer. Y nadie que lo viera po¬día dejar de conmoverse. Ni Alfredo, que bajó la cabeza sacudiéndola como si aquello le doliera, ni la mu¬jer de pelo oscuro que estaba callada en un rincón, cuyos ojos se llenaron de lágrimas, ni Christopher, que tuvo que ce¬rrar los ojos para que no se le rompiera el corazón.
El tiempo fue pasando y nadie se movió. Por fin la niña levantó ligeramente la cabeza con el ceño fruncido y miró a su madre con una expresión de condena.
-No gustan aviones.
Entonces le fallaron las piernas, sin previo aviso. Era como si la voz de su hija hubiera funcionado como un resorte que rompiera el control que había estado ejerci¬tando sobre sí misma y simplemente se desmoronara.
Alfredo lo vio y levantó un brazo instintivamente ha¬cia ellas haciendo un gesto de aviso. Christopher abandonó su postura de estatua junto a la puerta y se abalanzó ha¬cia ellas de modo que en lugar de caer al suelo su pe¬queño y delgado cuerpo se apoyó en el de él y los tres quedaron abrazados mientras la tensión llegaba a un punto culminante en su rostro.
La niña elevó la vista hacia su madre y miró por pri¬mera vez en su vida las líneas duras del rostro de su padre.
female
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07/04
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WN: Fruto de la Traicion,
Región Metropolitana,
Chile