perdOn por tener estO abandonadO, perO he estado sin Internet y aOra q estOy en casa no me funciOna bien, no puedo permitirme el lujo De actualIzar a menUdo porQ asTa q no vengan A arreglarlO... blackcat laquintaesencia me encanta, continua. pOr ciertO este fic ya stÁ acabaDo así Q no es pOr felta de tiempO para escribir, repiTo es por Internet...Lo sientO =)
Se sentía desgraciada, odiada, repudiada. ¿Qué había hecho mal?
Aquella clase le hacía sentirse mejor, vacía y oscura, pero tan acogedora
-¿Qué te ocurre?-preguntó una voz masculina que acababa de entrar.
-Nada que puedas comprender-le contestó con odio.
-Tal vez deberías probar
-No
Un sujeto insensible no lo comprendería
-Insisto-le contestó el rubio.
Sarah le entregó un papel arrugado y húmedo.
Sarah,
Seré breve.No sé si te gustará mucho lo que voy a decirte y tampoco si te dolerá. Hace años que no hemos cruzado más de dos palabras y aún mucho menos tenido una conversación seria
No sé que he hecho mal para que me toque tenerte como hija. Solo sé que siempre quise tener alguien normal en quien poder confiar, no sé si puedo confiar en ti, pero si sé que no quiero intentarlo. Reconozco que siento miedo cada vez que te veo, duele, sí. No sé quién era tu padre realmente y lo poco que sé es malo. También reconozco, que tal vez te odie por lo que eres capaz de hacer, quizás porque odio a Jack
Sarah, me voy. Me voy. No sé si para siempre, pero me voy. ¿Debería poner ahora que te quiero? No, sería engañarnos a las dos y sé que eso no te gusta. ¿Volveremos a vernos? No prometo nada.
Adios Sarah. Adios.
-¿Esto es cierto?-preguntó con cara de incredulidad.
-¿TE PARECE ACASO UNA BROMA? ¿CREES QUE ESTARÍA ASÍ SI NO FUERA CIERTO?-respiró hondo-. Déjame sola. No creo que alguien como tú pueda entender esto
-No puedo
yo quiero
-¡LÁRGATE!-gritó fuera de sí.
El joven se fue con cara de desesperación y muy dolido. Tal vez no debía haberle gritado de esa forma, quizás no debería haber despreciado su ayuda
No le importaba nada más que no fuera su propio ego, su dañado ego
¿Cuántos días llevaba allí y cómo había llegado? Era una habitación grande, con una cama mullida y blanda, llena de cojines, y de un aspecto muy acogedor. El desayuno reposaba encima de una mesita.
-No hay zumo de calabaza
¡Vaya!-exclamó al ver que aparecía una jarra.
Entonces recordó todo. Que se había ido en medio de una clase, la carta y
la Sala de los Menesteres. La había encontrado después de tanto tiempo oyendo hablar de ella, y lo peor es que había llegado y apestaba a whisky de fuego.
Salió asustada de allí y fue a su sala común tan rápido como pudo. Pero allí se encontraba el profesor Flitwick.
-¡Señorita Rabnott!-gritó mientras corría hacia ella-. ¿Dónde ha estado?
-Verá yo
-¿Es eso whisky de fuego?
-Yo
no sé que me ha pasado
me siento tan
extraña
-¡Lávese inmediatamente! Creo que su comportamiento no ha sido para nada razonable-le ordenó.
-Pero
-¡Nada de peros! Y después pásese por mi despacho
Porque no crea que se quedará sin castigo
¡No señor! Un alumno de mi casa
-dijo con cara de pocos amigos.
-Sí, señor.
-Nunca creí que un alumno de mi propia casa fuera capaz de hacer semejantes cosas
Y menos de usted
-¡Cállese!-le gritó con los ojos empapados en lágrimas-¿Cómo se sentiría si su madre lo hubiera abandonado?
Entonces el pequeño profesor se volteó y la observó con una expresión que oscilaba entre preocupación y sorpresa.
-¡Oh! Querida
¿Está segura?
No respondió. El profesor la acompañó a su cuarto y se fue.
Se tumbó y durmió durante todo el día. Al llegar la noche despertó y bajó a cenar. Todavía tenía el estómago revuelto así que apenas cenó.
Sorprendentemente Olivia se le acercó pero no era en señal de animarla.
-Es completamente normal que tu madre te haya abandonado-dijo con voz fanfarrona-, nadie quiere una borracha por hija.
No se había cambiado. Todavía llevaba el uniforme lleno de whisky. No obstante, sintió tanta furia al oír como se burlaba de lo de su madre que perdió el control. Un fuego enorme apareció alrededor de Olivia. Esta gritaba mientras un grupo de prefectos trataba de apagarlo. Sarah huyó. Decidió que lo mejor era huir a la Sala de los Menesteres pero por el camino se encotró a la profesora McGonagall.
-Sarah G. Rabnott.
Sarah y se detuvo.
-Debo irme-le contestó poniéndose un poco nerviosa.
-Espere-le dijo con una mirada triste-. Estoy al corriente de lo ocurrido.
Siguió mirándola.
-Pequeña-le dijo mientras la abrazaba-, nunca esperé eso de su madre. Cualquier cosa que necesite, pídamela. ¿Qué tal lo lleva?
-¿No va a castigarme?
La miró con sorpresa.
-Espero que lo supere pronto. No creo que hacer arder a los alumnos sea una buena solución para sus problemas. Adios, señorita Rabnott.
Y se fue.
Era extraño que la profesora no le hubiera dado una reprimenda o la hubiera castigado por sus hechos, de todas formas se sintió aliviada de que no la hubiera hecho nada de eso.
On August 25 2008
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