Ben sintió un pinchazo en el muslo izquierdo debido a que era probablemente la única parte de su cuerpo que habían podido alcanzarle.
Ya sabía defenderse por si solo.
Había aprendido a recibir los golpes con aplomo para a continuación, si era posible, devolverlos fuertemente. También a gritar y a comportarse como un loco que también era muy importante.
Ya no era ese chico asustadizo de hace tan solo unos pocos meses atrás, al menos en apariencia, ese con el que todos sabían que podían meterse sin peligro alguno, el objeto de burla preferido de la parte del barrio donde le había tocado vivir.
Se paró en seco un momento para quitarse la camiseta y comprobar que en su caida al suelo no se le había ensuciado demasiado. Le gustó sentir el aire fresco, noto como pronto, mañana como más tardar, se pondría a llover.
Hace unos meses tampoco se hubiera atrevido a quedarse en plena calle desnudo de cintura para arriba pero ahora ya le daba igual.
Comprobó a continuación que, salvo una pequeña mancha negra en la espalda que se quitaría frotándola con agua, la camiseta seguía limpia. Casi tanto como cuando hace un par de horas había terminado de plancharla.
"Serviría" pensó continuando su camino.
Optó por no seguir el habitual, el de otras veces, que básicamente consistía en subir por las escaleras para acceder finalmente a la plaza y desde alli dirigirse a su portal. Se introdujo en el a través del parking subterraneo en los soportales donde por cierto la humedad era tan insoportable, sobre todo gracias a las filtraciones que esa última tormenta de anoche había provocado en los mismos, que ni siquiera los borrachos o los fumadores de marihuana que por alli abajo pululaban a escondidas iban vestidos del todo.
Esquivo como pudo los charcos, las heces de los perros, las bolsas de basura abandonadas alli a su suerte hace dias expandiendo su pestilente olor a su alrededor, y se dirigió hacia esa rampa que veinticinco metros más adelante, aproximadamente, le devolvería de nuevo a la luz y además justo al costado de su portal. Observó como a medio camino unos chicos metían unas pastillas de colores en una bolsa transparente de plástico. Paso a su lado. Ni se inmutaron.
-¡Joder Ben , el Sida te está matando!
- ¡Qué te jodan Biff! le respondió.
-¡Cuidate! oyó como le dijo a su espalda mientras empujaba la puerta del portal.
Ben se sintió entonces especialmente aliviado, al comprobar que tanto Biff como el resto de los vecinos cotilleando y criticando, se encontraban ya al otro lado de donde él estaba, del cristal.
Biff era solo un pobre colgado, un heavy cuarenton que sin trabajo y siempre con su camiseta de Iron Maiden puesta y sus ajustados pantalones de pitillo, se pasaba los dias sentado junto al portal, abierto de piernas, bebiéndose una cerveza tras otra y dejando al teminarlas, todas las latas vacias a sus pies.
El resto del vecindario si que era más peligroso.
Lo daban por seguro.
Había adelgazado quince kilos en seis meses, eso era todo.
Ben sabía que era imposible que tuviera el sida, todavia no había estado nunca con un chico y desde luego tampoco con una chica. Pero claro, no iba a ponérselo a explicar uno por uno a todos sus vecinos.
Desde luego que no.
Biff había sido realmente guapo. Cuando su hermano Chris y él eran aún amigos había podido ver fotos suyas en el cuarto que ambos habían compartido.
Ben se había maravillado de sus ojos, de su cara, de lo crueles que habían sido los años con él.
Lo dicho, Biff era solo un pobre diablo.
On February 25 2008
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