El mundo se divide en dos... los que se abrigan y los que no se abrigan (qué sorpresa! eh?).
Y es que acabo de darme cuenta del peso que tienen los abrigos en mi vida. Está, entre otros, el ritual de todos los años, cuando llega la primavera. Consiste en llenar una maleta con todos ellos (acompañados de bufandas, gorros, gorras y demás prendas de abrigo) y cargar con ella hasta Santander. Por si acaso.
Y me quedo tranquila, sin saber dónde me alcanzará el invierno, si es que me espera, pero segura de que a la hora de hacer la indevitable mudanza (de casa?, de ciudad? de país? de vida?) habrá un par de maletas menos. Y así los últimos... montones de años.
Y ahora? esta primavera podré utilizar la maleta para llenarla de otras cosas que hace tiempo que quiero trasladar... o llenarla de abrigos para no romper el ritual y aprovechar el tirón para deshacerme de ellos y evitar pensar que quizás el invierno esta vez ya se sepa el camino (vaya, demasiado tarde).
On February 13 2009
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