Rita usaba dos trenzas que eran la envidia de las muchachas, tenía una cara redonda un sol en la sonrisa, unos ojos marrones para despertar cada mañana. Rita tenia ochos años y yo también.
Yo quería a Rita para mí, la amaba (o eso creo). Soñaba con que ella fuera testigo de mis hazañas inimaginables o que presenciara en el potrero de la esquina mi andar guerrero por el barro y dedicarle ese gol que nunca metía. Soñaba con caminar por las calles de ese Chubut triste y sepia de la mano, comprarle toneladas de chocolates Jack y alfajores Fantoches.
Una mañana en plena clase de aritmética mientras yo me distraía en las manitos de Rita, en esa actitud generosa, díscola y bigamica que tiene los niños, Rita se puso de novia conmigo
y con Alexis mi compañero de banco. No hubo celos, sino cofradía.
Y yo soñaba despierto, era mi pequeño primer logro (bueno no tan mió, Alexis mediante), el cuento de la cenicienta mal contado y al revés, pero mió. Y vinieron las ganas, con cierta altanería de mi parte, de atacar a besos el cachete enorme de Rita, justo enfrente del banco de John, el alumno ingles que tenia facha, linaje y gomera. Era mi triunfo, le había ganado (esto porque uno de niño necesita una antitesis) al enemigo rubio de lacios pelos, yo una mezcla de colorado y rubio con un jopo de Elvis made in secador hogareño.
El mundo se reducía a las cuatro horas escolares, en que yo pasmado, miraba atónito cada movimiento, cada instante de respiración, cada cuenta matetematica y triunfos a la rayuela de aquella muñeca indominable.
Hoy, Rita, no se si estarás casada, si serás una empresaria exitosa, una ama de casa, una mujer llena de hijos que se dedica a acumular grasa, o tal vez seas la esposa de John, que a esta altura debe tener facha, linaje, rifles y hectáreas. Y la verdad poco me importa.
Solo te quería dedicar (y recordar) asi porque vos fuiste la alquimia de mi primer suspiro, por vos conocí el insomnio, y empezaba a diagramar mi primer pena de amor.
Si hoy te viera Rita, tendríamos ochos años, vos tendrías unas trenzas interminables y esos ojos marrones tan perfectos, y yo andaría con ese jopo inamovible y sin unas de mi paletas dentales, pero andaríamos de la mano, por una calle soleada de aquel Chubut, y yo pararía en un kiosco y con mis ultimas monedas te compraría todas las veredas.
On January 20 2010
15 Views
gabystein
On 27/02/2010
ohhh!!! madagascar... como le anda??? cuantos años sin visitar el fotolog... lo cambie por el facebook, como la mayoria, solo que no tengo la capacided de mantener ambos.
la de la foto es mi sobrinita, una pequeña loca q me hace morir de risa y de ternura!
Y tengo otro sobrino tambien mas pequeño q es un mono trepador campion de carreras de gateo...
como esta usted? q se cuenta??
lo veo en el proximo posteo que tal vez sea en algunas semanas...
saludos!!!!!
gabystein
1185170999
On 08/02/2010
Siempre es tan lindo lo que escribis..esto transporta a esas calles que mencionas...Vale mis felicitaciones?!!!
Suerte espero cruzarte alguna vez en mi vida nuevamente, que andes bien Dige...beso!!!!
bar_byuxxx
On 21/01/2010
Qué haces ivan noble de berazategui-quilmes, o por ahí?
Sos el que increíblemente era compañero de la facu de mi compañerita de primaria... que no tiene fotolog y te vio en el mío..
Es muy loca la vida. Jaja..
Saludoss
anita_sabinera
On 20/01/2010
Qué lindísima historia!!!
Yo ya tuve a Joaquín en diciembre, aquí en Madrid, pero esta noche no dormiré hasta altas horas porque espero una llamada de consuelo que me haga volar a la ciudad de mis sueños... Buenos Aires me mata
un beso grande!!