Desde niña, mis padres me enseñaron que es bueno decir la verdad y es malo decir mentiras, con algunas excepciones como por ejemplo cuando se trata de mentir a una persona para hacer que esta se sienta mejor, o para decirle qué bien le quedan esos nuevos pantalones que se acaba de comprar cuando en realidad necesitaría una talla más o una menos. Esa norma yo siempre la he aplicado bien, la verdad por delante y como no me gustaba decir cosas que no pensaba de verdad, simplemente me limitaba a callarme. Pero llega un momento en nuestra vida en que esa norma de repente se te hace grande. Llegas a un límite en que ya no sabes si es mejor decir las cosas o guardártelas para tus adentros, en que ya no sabes si obras bien o actúas mal. Y es que tus pensamientos y sentimientos son totalmente contradictorios, cosa que empeora aun más las cosas. Si lo dices, puede que te quites un peso de encima, que te sientas mejor contigo misma, pero al precio de perder algo, o a alguien, muy valioso en tu vida. Si no lo haces, consigues que esa persona que no quieres perder permanezca, al precio de castigarte a ti misma y mantener bajo llave ese asqueroso secreto que no puedes confesar. Tú única opción es seguir disimulando, sonreír en todo momento y hacer como que todo está en su lugar y no pasara nada, y convencerte a ti misma de que es una tontería, que es solo cuestión de tiempo que se te pase este estúpido enamoramiento y que cuando lo consigas te reirás de lo tonta que has sido. Pero mientras tanto, sigues preguntándote todos los días por él, qué estará haciendo, si hablarás hoy algo con él; sigue su nombre resonado en todos los rincones de tu cabeza, porque tu razón se niega a olvidarse de él por completo. Supongo que puedo justificarlo pensando que es una mentira “piadosa” y que no digo la verdad porque prefiero perder y conservar su amistad a ganar y arriesgarme a que todo salga mal. En algún momento tenía que hacer este sacrificio. En algún momento tenía que aprender a mentir, pues he aprendido que todos lo hacemos alguna vez y que depende de cómo apliques esa mentira puede beneficiarte, perjudicarte… o ambas cosas.
Te doy lo que soy, y lo que siento...
LR.
On August 20 2010
5 Views