
No se crean que es majadería. Que nadie se levante aunque me ría. Hace rato que vengo lidiando con gente que dice que yo canto cosas indecentes.
Te quiero, mi amor. No me dejes sólo; no puedo estar sin ti. Mira que yo lloro.
¿No ven? ¡Ya soy decente! Me fue fácil. Que el público se agrupe y que me aclame. Que se acerquen los niños, los amantes del ritmo. Que se queden sentados los intelectuales.
Yo también canté en tonos menores. Yo también padecí de esos dolores. Yo también parecía cantar como un santo. Yo también repetí en millones de cantos:
Pero te quiero, mi amor. No me dejes sólo; no puedo estar sin ti. Mira que yo lloro.
Pero me fui enredando en más asuntos y aparecieron cosas de este mundo: "Fusil
contra fusil", "La canción de la trova", y "La era pariendo" se puso de moda.
Yo quería cantar encapuchado y, después, confundirme a vuestro lado. Aunque así no tuviera amigos y citas y algún que otro favor de una chica bonita.
Pero te quiero, mi amor. No me dejes sólo; no puedo estar sin ti. Mira que yo lloro.
No voy a repetir ese estribillo; algunos ojos miran con mal brillo, y estoy temiendo ahora no ser interpretado. Casi siempre sucede que se piensa algo malo.
Debo partirme en dos; unos dicen que aquí, otros dicen que allá, y yo sólo quiero decir, sólo quiero cantar y no importa la suerte que pueda correr una canción.
Unos dicen que aquí, otros dicen que allá, y yo sólo quiero decir, sólo quiero cantar y no importa que luego me suspendan la función.
On February 01 2013 at Santa Fe, Argentina 72 Views