Anoche después de muchos días de sufrimiento interno, de incomprensión de las circunstancias de cómo he llagado al punto donde me encuentro, después de experimentar una cantidad de emociones negativas durante las últimas semanas, quizás si me apuro durante el último año, después de peleas, intento de reconciliaciones, lagrimas, me di cuenta que nada cambiará hasta que no acepte lo más difícil de cualquier situación: perdonarme a mí misma.
Dedique mi atención a sentir la emoción que estaba albergando en ese momento y me di cuenta que me estaba aferrando a cualquier patrón de dolor con el que pudiese identificarme. Por algunos momentos dolor, tristeza, en otros resentimiento, culpabilidad… y acepté que todos y cada uno de ellos provienen del mismo origen, el miedo. Todas esas emociones negativas que he estado experimentando significan que aun no he perdonado.
He negado el perdón a situaciones pasadas, a mi situación actual, he negado el perdón a otros por tener sus propias opiniones, pero sobre todo me he negado el perdón a mí misma, por mis errores, por dejarme llevar por el dolor y el miedo, por no saber enfrentarme a las situaciones.
Perdonar es renunciar al dolor. Me he creado un patrón de dolor y culpabilidad con el que me siento identificada pero jamás me llevara a crecer, a avanzar. Ahora considero que es la única vía de escape, dejar de ofrecer resistencia a la vida, dejar que la vida fluya a través de mí. Aceptar las situaciones y a partir de ahí empezar a cambiarlas.
Cuando perdonas verdaderamente, recuperas el poder de tu propia vida.
On February 06 2012
310 Views