Avatar harrolf

Estimados lectores, es obvio que me niegue a felicitar las fechas, puesto que lejos de ser señaladas por alguna que otra megacorporación, estos días están colmados de costumbres de muy distinta índole que se celebran a lo largo y ancho de este nuestro mundo. Sin ir más lejos, mucho conocerán la famosa tradición del Caga Tió, un divertido ejemplo de lo cruel de la Navidad, puesto que de seguro no todos conocerán el origen de tan salvajes actos. El Tió, para quien lo desconozca, es un tronco que se coloca en el suelo tapado con una manta y alzado por un extremo en el que lleva boca, ojos, nariz, cejas y sombrero del lugar. Hasta el día 24 de diciembre, los más pequeños deben alimentarlo bajo pena de muerte mientras los padres roban con nocturnidad la comida depositada por sus vástagos; el Tió, inmóvil como el leño que es, incrementa cada día su ira y llegada la mañana del 25, los mismos seres que creyeron alimentarle observan estupefactos que el tronco está enojado y demanda alimentos ante su escuálida figura. Los niños, lejos de procurar más comida, se sienten ofendidos e interpretan los actos del Tió como muestra de desagradecimiento, por lo que armados con palos, palancas y garrotes arremeten con violencia contra él golpeándole en toda su madera hasta tal punto que el pobre leño no tiene más opción que defecar golosinas y dulces para que los infantes dejen de aporrearle con tal psicosis. Mientras eso sucede, cantan y gritan "¡Caga, Tió! ¡Caga!", y el pobre ser amaderado no deja de expulsar heces caramelizadas entre llanto y llanto de dolor y ante la mirada maliciosa y llena de orgullo de los progenitores. Esta terrible tradición tiene, como no podía ser de otra manera, un origen, y ahí es donde entra el elemento gráfico de hoy.
Wendall McEnroe debía ser entregado con 8 meses de vida al convento judío de Smellycat, pero el mensajero erró en el envío y acabó en una marisquería de chacina exótica en la que su final no tardaría en llegar. Por suerte, una sirvienta suomí con gran hambre y pecaminosa de gula pasó por delante de la vitrina en la que Wendall estaba expuesto: su aspecto de comadreja la sedujo. Ipso facto, entro en el habitáculo y salió con la pútrida figura del pobre Wendall bajo sus robustos brazos, vivo, por suerte. Gladis, que así se llamaba la que sería la madre adoptiva, llevó a Wendall a Laponia y lo trató como a su propia mascota, le daba de comer las sobras, lo apaleaba cuando se encontraba enojada, le clavaba astillas en las encías, le ataba piedras a los pies y, en definitiva, todo lo que por amor suele hacerse con los seres domésticos. Pero en Wendall pronto despertó un fervor divino y, a la edad de 80 años, se alistó en el Ejército de los Rabinos Andinos, donde se le bautizó con el sobrenombre de Wendall "El Rabino Cetrino". Su tarea era sencilla de acometer: encargado de realizar mentalmente los cálculos balísticos de todas las armas de fuego de los batallones anti-Astilla; por lo que tenía el suficiente tiempo libre como para aprender solfeo y punto de cruz. El invierno de su septuagésima década al servicio militar fue destinado a las tierras en que se crió con la misión de exterminar a toda la dinastía Noel, que recientemente se había conformado bajo las órdenes de Splinter. No obstante, no podía visitar el pueblo que le vio crecer sin acudir a su bondadosa tutora legal en régimen de visita maternal, pero para su sorpresa, la bienhechora de su infancia era ahora la Señora Noel. Mantuvieron un fugaz pero intenso diálogo antes de enzarzarse en la cruenta batalla:
- ¡Madre! No puedo creerlo.
- Lo siento hijo, pero el Calvo de la Navidad ya es historia.
- Tenéis que estar bromeando.
- Y la Preysler... también, jamás volverá con los Ferrero.
- ¡NOOOOO! ¡Mentís! Y por ello moriréis.
Pero los poderes de Gladis eran muy superiores a los de su adoptivo, por lo que con un golpe certero en la patilla, eliminó todo el calor que había en el cuerpo de inútil Wendall, convirtiendo a éste en un retablo de madera congelado al pié de la chimenea. Gladis intentó sin éxito reanimarlo golpeando sus fauces con duros palos, pero Wendall, lejos de revivir, sólo pudo utilizar sus últimas energías para expulsar por el recto de su cuerpo toda una suerte de caramelos y jerigonzas navideñas. Después de todo, su madre era ahora la Sra. Noel.

En la imagen vemos el estado actual de los famosos Caga Tió, en la esquina superior izquierda. A su derecha, el rostro marchito de frío de Wendall "El Rabino Cetrino" tras su angustiosa muerte por hipotermia. Más abajo, a la izquierda, Gladis, retirada a un convento de clausura tras el infanticidio. Y a su lado, al Sr. Noel, borracho y haragán cono siempre.

- polvorón: lat. folk.
1. Pieza de material alienígena que se deja reposar durante un año para ser usada como arma mortífera.
2. Elemento de tortura que se hacía engullir los días más calurosos del verano.

- alfajor: vulg. grec.
1. Pedacito de vómito.

- ser alguien un alfajor: expr.
1. Ser vomitivamente dulce o cursi.




On December 13 2006 79 Views




harrolf

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