Si el otro día hablaba de recuerdos, hoy los vuelvo a tener en mente, pero más bien por el daño que hacen. ¿Me compras una máquina del tiempo y regreso a ese lugar de la foto?
¿Quién dijo que el amor es eterno, con finales felices y con muchas perdices? Desde luego, no existen principes ni princesas, sino más bien seres de carne y hueso que se estampan con la dura realidad, una y otra vez. Así, zás, en toda la boca.
¿Y ahora qué se supone que tengo que hacer yo? ¿Esperar? ¿Ser feliz? Sí, eso sería ideal, en un mundo ideal, ese que no existe, porque si viviesemos en ese mundo real desde luego que no habría tiempos, ni espacios, ni distancias. El principe se iría con la princesa. EL principe querría a la princesa. Y los dos juntos comerían perdices y así, para siempre.
Que equivocados están los que sueñan con cuentos. Que equivocados los que creen que el amor rompe barreras, porque en cuanto se ponen unos cuantos kilómetros de por medio, pum, la magia desaparece.
Yo pensaba que era diferente, que lo nuestro no era como lo de los demás. Yo creía firmemente en ese cuento con final feliz, de principes y princesas, que se esperan, se quieren y sueñan juntos de la mano. Ahora ya no puedo creer en cuentos, ni siquiera puedo envidiar a Robin Hood y Lady Marian, total, también tendrían sus problemas. Ahora solo me queda...¿esperar?, ¿un final feliz quizás?
Ahora solo queda recomponer cachito a cachito un corazón que nunca se habia quedado sin su mitad.
On September 17 2010
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A medio camino entre el infierno y el cielo,
Andalucía,
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