Desde primera hora de la mañana, cuando entraron en el pueblo, no había dejado de nevar. Unos copos enormes cubrían, a fuerza de las horas transcurridas, cualquier evidencia de que allí hubiera habido antes vehículos lentos de camino al trabajo, apresurados pasos en busca de la leche y el pan para el desayuno, el jaleo infantil de camino a la escuela o los primeros golpes mecánicos en la fábrica química que se alzaba en la ladera de la montaña. A estas horas de la noche, ya sólo se podían ver los grandes montículos blancos bajo lo que todo se ocultaba y muchos otros, más pequeños, repartidos caprichosamente a lo largo de la avenida, sobre las aceras, en mitad de la calle, que se perdían casi desapareciendo hasta donde emergían las farolas y mástiles de la plaza. Sin embargo, tan entrada la oscuridad, nadie había encendido las lámparas y la única luz que reinaba en la calle eran las fantasmagóricas figuras que producían algunos edificios y tiendas que aún ardían. El olor a gasolina y a carne chamuscada, la sangre congelada bajo la nieve, apestarían el lugar durante semanas. Bajo aquellos pequeños bultos helados que poblaban el asfalto invisible, los cadáveres estarían ya congelados pero los olores persistían con toda la intensidad de los minutos posteriores al ataque. Dejó la pistola sobre la repisa y se sonó sobre la mano con la inútil intención de paliar de algún modo el intenso olor de la muerte reciente. Un gesto mecánico. Sabía de sobra que no cambiaría nada. Aquellas emanaciones le acompañaban desde hacia años. Incluso en sueños le traicionaba el olfato y el licor y las drogas que mantenían a la tropa no le servían para ahuyentarlas. La madera del piso de arriba crujió con estruendo y los golpes y gritos de sus camaradas ya borrachos le devolvieron a la penumbra de aquel sótano. Desde la abertura a la calle miraba la nieve caer. Blancos trozos caídos de la noche iluminados por el fuego, espectros surgidos de la negrura que se abalanzaban sobre aquel panorama sin ánimo de detenerse. "Cuando la naturaleza se despierta, nadie sabe cómo hacerla parar", pensó, quizá era el principio de algún poema olvidado en la trastienda de su memoria. No acertó a recordar el autor de aquellas palabras. (continuará)
On April 21 2010
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