La llegada al aeropuerto El Alto, cerca de La Paz, no debe ser algo complicado. El problema es cuando son las 11 de la noche y tenés apenas 14 pesos bolivianos (9 pesos argentinos); los taxis cobraban 50.
Pregunté en la Policía Turística cómo podía hacer para llegar. Que me tenía que tomar un colectivo cuatro cuadras para arriba, pero guarda que es peligroso. Que mejor me lo tome frente a la Iglesia San Francisco porque hay más luz. Me hace un dibujito de cómo llegar. Hace un llamado confirmando el horario. Que en realidad a esta hora ya no pasan. Hace otro llamado. Que tenía que esperar hasta las 5.30 am a que se reanude el servicio, ir hasta la Iglesia y tomarme el bondi que dice ¨Ceja¨. Que ahí me baje en Calle 2, y dale con que es peligroso, y me tome enseguida un taxi hasta el aeropuerto.
Preocupado por lo ajustado que iba a estar con el tiempo ya que mi vuelo salía a las 7 am, salí a buscar un hotel que acepte tarjeta de crédito para poder pasar la noche, cuando a las dos cuadras veo un colectivo que dice ¨Ceja¨.
- ¿Vas al aeropuerto?
Me hace que no con los dedos y arranca.
- ¿Y a Calle 2?
- Subite.
Otra vez vuelvo a escuchar, ésta vez de una chola sentada atrás mío, que era un lugar peligroso para mí. Pagué doble boleto por el lugar que ocupaba la mochila, por lo que contaba con nada más que diez pesos. Llegamos a Peligroso, digo Calle 2, y veo un taxi pero cobraba 15. Veo otro más lejos, pero a la vez escucho unos silbidos que venían desde atrás. Un hombre, una mujer y un nene, que evidentemente estaban en el mismo bondi y habían escuchado, estaban agitando los brazos: me habían buscado y encontrado un taxi a 10 pe; eso sí, me dejaba a 5 cuadras del aeropuerto para evitar el peaje. Empiezo a caminar esas cinco cuadras cuando desde atrás me tocan bocina: el mismo que antes me llevaba por 15, ahora me alcanzaba por 5. Ante la negativa por desierto en mi billetera, se ofrece a alcanzarme gratis. Feliz, me tiro a dormir en la sala de espera del aeropuerto. A las 6 me levanta el ruido de la gente y voy a hacer la cola para el check-in. Finalmente, a pagar los 25 dólares, que fueron un imprevisto, de la tasa de embarque.
- ¡¿Cómo que no aceptan tarjeta de crédito?! No tengo un peso, ¿qué hago?
Me mandó a hablar con el jefe del aeropuerto, quien me dijo que podía pagar 25 dólares en el Free Shop con la tarjeta de crédito, obviamente sin llevarme nada, y el aeropuerto después arreglaba con ellos, pero que eso lo arregle desde Información. En información me mandan a la puerta 2. De la puerta 2 sale un tipo muy ortiva y me dice que no, que habló con no sé quién y que eso no se puede hacer. Vuelvo a información y me sugieren que vaya a los locales del aeropuerto y pida que me den efectivo, pagándoles con la tarjeta. Pregunto en unos cuatro locales si aceptan tarjeta American. Ninguno. Finalmente encuentro uno.
- Te vas a tener que llevar algo por unos 600 bolivianos. Además te cobraríamos 7 dólares más por el favor, más los 25, obviamente.
Era una terrible guachada (¿por qué los 600 bolivianos, si ya el favor lo estás cobrando con los 7 dólares?) pero no me quedaba otra. Elijo varios muñequitos, una llama, unos guantes y dos gorritos coyas. Me dice que no, que tengo que llevar un chal. ¡Ni siquiera puedo elegir el regalo! Elijo un chal (me dejó elegir talle y color, qué amable y la puta que la parió) y le entrego la tarjeta: ¨Tarjeta no válida¨. Vuelvo a información. Me mandan de nuevo con el jefe del aeropuerto. Le digo, en un intento de dar lástima, que no quería pasar mi cumpleaños en un aeropuerto, y que además, en caso de perderme el vuelo, qué iba a hacer en una ciudad que no conocía y sin un peso. Me dice que puedo ir a la fila del check-in de mi vuelo, pedir que alguien me lo pague y decirle que después le compro algo cuando hayamos aterrizado. Voy a la fila y evalúo cara por cara cuál podía llegar a aceptar. Encuentro a un hombre: me dice que no, que no tiene plata. A otro. Tampoco. Me ponía demasiado incómodo tener que pedir plata prestada, encima no una moneda, ¡25 dólares!, por lo que decido volver a buscar locales. Encuentro uno y ocurre exactamente lo mismo que en el anterior: tarjeta no válida. Miro la hora: en 25 minutos salía el vuelo. Ya demasiado preocupado y dándome por vencido, le pregunto a la mujer que me había atendido en el check-in qué tenía que hacer para que mi mochila no viaje sin mí, es decir, que me la devuelvan. No me entiende, claro, no sabía nada de lo que me había pasado, y en medio de la repetición, me tocan el hombro: era el primero al que le había preguntado si me podía pagar; el mismo que no tenía plata.
- Está bien, te lo pago.
Decidí descargar...
On March 07 2011
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gooti
On 07/03/2011
Decidí descargar toda la tensión y bronca que había acumulado (y aprovechando que no me bañaba desde hace cuatro días) con el Free Shop: me bañé con cuanto perfume encontraba, incluso tiraba al aire, a los estantes, no importaba a dónde, la idea era gastar perfume. Un poco de Givenchy en mi campera y lo disfrutaba como si estuviese amordazando con el chal a la empleada del primer local; un poco de andá a saber cuál otro perfume, hasta tal vez era de mujer, y era en realidad un golpe en la jeta con la bolsa de dormir al de la Puerta 2. Un poco de Dolce Gabanna en …
- ¿Necesitás algo?
- Eh… estoy oliendo…
¡Hasta ni siquiera te tenés que poner incómodo con el “estoy mirando”!
male
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Preguntale al delivery que me trae la pizza de Muzza y de,
Napo,
Ecuador