Se despertó tiritando, muerta de frío. Giró la cabeza hacia el lado izquierdo y vio los números rojos del reloj de su mesilla: las 5:42. No era su hora habitual de levantarse, pero de todos modos lo hizo. Se dirigió a la cocina. El termómetro marcaba 19 grados, pero seguía temblando. Fue al baño y se miró al espejo. Quería gritar, pero tenía un nudo en la garganta. Quería comerse el mundo, pero tenía un nudo en el estómago. Quería sentir, pero tenía un nudo en el corazón. Un escalofrío recorrió su cuerpo y entonces paró de temblar. Calma. Silencio. Era justo lo que necesitaba. Un momento de calma y silencio que la alejara de lo que creía que había sido una pesadilla. Se sentó en el sofá y empezó a recordar. Cada sonrisa, cada palabra, cada gesto…cada parte de sí misma. Suspiró preguntándose por qué ya no tenía todo aquello. Corrijo: por qué ya no era todo aquello. Miró el calendario que había sobre la mesa y sonrió. Aquello que era era un recuerdo del pasado. Aquello que era era lo que será.
En el mundo hay dos clases de personas: las que saben sonreír y las que aprenden de éstas. Ella era una de las primeras. Yo era una de las segundas
On December 03 2010
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