Quizá nadie me pidió que hablara de los monstruos que escondo bajo la cama incluso nadie me incitó a hablar de mis propios demonios. Busco, un poco, aquellos instantes de la película donde yo despertaba un poco más tarde que el sol cuando estaba a punto de llegar la primavera y reservaba todas mis fuerzas y ganas para cantar mis canciones favoritas. Donde, en algunos fotogramas, adelantaba al tiempo por la derecha como los conductores suicidas que más de una vez se han llevado por delante su propia vida y aún sabiéndolo, ahí siguieron, a mi nunca se me dio bien predecir el futuro. Estoy hecha de forma que sólo puedo disfrutar intensamente de un contraste y no de estaciones permanentes a gran escala en pequeñas ciudades. A veces me pongo a coser algún "echodemenos", y en los hilvanes se ve el oscuro pestañeo que acaba por ceder, necesitando un remiendo, siendo en un principio besos atados fuertemente a vuelva y media, o tal vez, sea un roto lavado con suspiros a noventa grados, que ya no sabes si podría arreglarse con un encaje entero de palabras de colores vivos, o muertos. Y entonces suenan palabras, a veces entre los paracaídas y el algodón gastado para hacer las nubes, otras en la inmolación cayendo desde las alturas y el golpe llega entre canciones hipocondríacas y la superficie, llega como las ofensivas protectoras que amenazan mis defensas, indefensas. Como los fantasmas que ganan el último órdago, y yopagolacuenta, Pasa muchas veces... que hay colchones gastados para abrir el tragaluz justo detrás de la puerta que se clausura sobre la boca del estómago. Justo debajo del aguacero ácido, haciendo que el aire entre mezclado con un algo sin aliento y mis oxígenos cojan ética frente a mis dióxidos. Espero, con una mano cansada en el bolsillo y la otra en el botón de reiniciado, hasta alguna rara vez me echo a reír en cualquier autoservicio con hierba recién cortada. Justo antes de caer al suelo rodando, rodando la película de mi propia vida. Hasta puede que me pierda en el momento donde me faltaban algunos centímetros para llegar a la mesa, cuando no medía la vida en centímetros.
Nunca pensé en hacer de mi lugar en el universo una queja al desierto pero entre tantos platos rotos, uñas clavadas y calendarios de batalla tengo este espacio situado en algún lugar de ninguna parte.
On May 23 2009
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inesplikable
On 23/05/2009
En serio, escribes genial.
"Estoy hecha de forma que sólo puedo disfrutar intensamente de un contraste y no de estaciones permanentes a gran escala en pequeñas ciudades"
Yo también vivo a base de (demasiado) contraste