Avatar elgelidotolya

Ya hemos hablado de esto antes, creo. Todo el mundo lo saca más barato, a todo el mundo se lo dieron antes, siempre hay alguien que lo hizo mejor, mi cuñado es campeón de Catalunya de motocross, la mili del otro fue la ostia. ¿Os he contado yo mi mili? ¿No?
El otro día fuimos a ver una película de dibujos animados que se llama Arrugas. La película se basa en un cómic del mismo nombre. Yo no conocía el cómic y la película casi de refilón. La película nos cuenta cómo Emilio, un señor mayor que ha trabajado como director de una sucursal bancaria, está empezando a padecer Alzheimer. Su hijo, decide llevarlo a una residencia. Una residencia de ancianos. En la residencia comparte habitación con un vejete argentino, que no es argentino, sino gallego, como Emilio, pero se fue a Argentina de niño. La película es gallega.
La película nos cuenta la vida de Emilio en la residencia, y nos hace un pequeño retrato de la gente que pasa la vida en estos sitios. Las escenas de la sala de la televisión, llena de gente durmiendo. El comedor, el enfermero que va dando las pastillas, el gimnasio, la piscina que nadie usa, los ancianos que deambulan por los pasillos. Los abueletes que están bien, otros que están mal. El señor Emilio parece que está bien. Su compañero está mejor. Es un poco mangui. El señor Emilio no se fía del argentino. Un día le desaparece la cartera y acusa al argentino, que niega haber hecho nada. De saque, piensas que el argentino está tangando al pobre abuelo. Poco a poco te vas dando cuenta de que el señor Emilio tiene fallos de memoria. No es divertido. En la residencia el señor Emilio se junta con el argentino, con una pareja compuesta por un señor en silla de ruedas con Alzheimer y su mujer, que está bien pero le cuida, y otra señora mayor que recopila mantequillas, mermeladas, caramelos para dárselos a un nieto que no los aprecia. Claro.
El señor Emilio va cada vez peor. Nada más llegar ha visto que hay un piso de arriba en el que se encuentran los que tienen demencia.
¿No os he contado mi mili? Yo no hice la mili, yo hice la PSS. Yo tenía abuelos todavía. No todos. Yo hice la mili, o la PSS (esa que todo el mundo que la hacía decía que era un chollo, que ibas y firmabas y ya está, que hablabas con el encargado y te dejaba no hacer nada ni ir siquiera, esa), en una residencia de ancianos evangélica. Es curioso, pero no recuerdo nombres. No recuerdo los nombres de las chicas que no sé si eran enfermeras o no. Todos los días me comía el pequeño bocadillo de jamón dulce y queso con ellas. El mismo jamón dulce y queso que les daban a los yayos para desayunar. Me llevaba bien con todas las enfermeras, les daba y me daban conversa. Era difícil que no dieran conversa. Negaban la teoría de la evolución, que la tierra girase alrededor del sol, que el mundo se hubiera creado por el Big Bang. Así, ¿quién no va a discutir?
Había un chaval, que no sé si hacía también la PSS o qué, que me caía como el culo. Era hijo de una limpiadora. También evangélica. Pero él no. Qué asco de pavo. No me acuerdo de cómo se llamaba. Hice algo de amistad con las enfermeras. Una de ellas había llegado a hacer una especie de obra de teatro, y ya fuera de la PSS fui a ver la representación. Era un rollo evangélico de mucho miedo. Pero cada uno tiene sus cosas.
No me acuerdo del nombre de todos los yayos. Me acuerdo de Josías, por ejemplo, que llevaba un radiocasette pequeñito en el que se escuchaban himnos religiosos. 'Firmes y adelante, huestes de la fe'. O aquel abuelete que cogía la Biblia enorme de la capilla y se escapaba 'a predicar'. O aquella señora con muy poquita voz que se me agarraba al cinturón para sentarla de la silla de ruedas al banco donde veía la tele. O la señora del primer piso que decía ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay, enfermera, enfermera, enfermera, enfermera, enfermera, pobre, con sus gafas enormes, sin dientes, y que cuando le dabas de desayunar te cogía fuerte de la mano. O la otra señora que me recordaba a una tía abuela mía, a la que había que abrirle la boca con la cuchara. O aquella mujer de tan malas pulgas a la que vi irse poquito a poquito, en una semana. O aquella que estaba en cama y que daba miedo acercarse, porque en cuanto te veía decía 'nooooooo!!!'.
Nueve meses estuve haciendo la mili. Todo el pack completo. De lunes a viernes. Dando de desayunar, llevando a los abueletes a ver la tele, poniendo la comida en las mesas, sacando pañales sucios a la basura, tendiendo trapos, baberos, pijamas.
En la película, el señor Emilio nota que también le han quitado el reloj. Y unos calcetines. Y cada vez está más perdido. Y el argentino organiza una escapada en coche, con la señora de las mermeladas. Y sale mal. Pero no pasa nada.
Y está muy bien la película, pero remueve muchas cosas. Cosas que uno ha visto y que le dan mucha pena. Pero hay que verla igualmente.




On February 07 2012 26 Views






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