Caminan rápido por el andén, parte de ese reguero de gente que fluye junto al tren detenido, cada uno responsable ahora de su propio curso. Jorge, de paso decidido y equipaje ligero, más que el de la propia Ruth por escaso que describimos éste en su momento, va sacando ventaja, se distancia.
Ruth sigue enzarzada en sus propias cavilaciones, 'podría...', 'podría... ' o por qué no también podría posponer la acción para más tarde y simplemente comprar de momento el billete para Madrid y dedicarse a seguirlo a la espera de que llegara una buena oportunidad. Pero no. No, no. Eso es demasiado loco hasta para ella, que de acuerdo que desde que hace unos minutos ha decidido serlo, loca, se ha entregado al papel con una voluntad desmedida, pero no tanto como para dejarse llevar tan tan lejos. No, no. Y menos teniéndolo justo ahora tan a tiro. Sigue caminando... y pensando, o intentándolo al menos.
Es entonces que Jorge se desvía de la fila dirigiendo sus pasos hacia un revisor que flanquea la marcha del grupo, parado, vista al frente, como congelado, en dirección perpendicular a ésta. La barbilla ligeramente levantada, posando con gesto muy serio frente al desfile, podría confundirse con un pilar o una papelera.
Esto permite a Ruth darle alcance y hasta escuchar la pregunta de Jorge al revisor y, 'si la suerte se empeña en sonreírte, ¿para qué demonios necesita una pensar?'.
Perdone, ¿sabe usted dónde se retiran los billetes comprados por internet? oye que le dice muy muy educadamente, como por no perturbarlo en su retiro.
El revisor, gesto ahora importante, le mira detenidamente, toma aire, hiergue más aún la cabeza y cuando su boca empieza a abrirse para emitir la respuesta...
¿y para comprar billete a Madrid? ¿sabe dónde puedo comprar un billete para Madrid? irrumpe estrepitosamente Ruth repentinamente incorporada al trío.
La interrupción, por brusca y rompedora de su ritmo natural, el del revisor, el moroso, no es para nada bienvenida y así se lo hace sentir éste, que si no se atusa el bigotillo, mientras ladea la cabeza para mirarla con desdén desde muy muy lejos, es porque su afeitado es del todo inmaculado, no hay bigote ni pelo alguno que haga sombra allí en su cara. Es por eso que decide 'penalizarla' con una ligera demora en la respuesta (una demora directamente proporcional al agravio causado por la falta de maneras de que ésta joven a hecho gala según un código de equivalencias que secretamente él ha ido estableciendo con el tiempo, es su pequeña parcela de poder y tiene que cuidarla). Demora que convierte, mientras dura, a Ruth en el centro de atención del reducido grupo, o sea, ha conseguido lo que quería, Jorge ya sabe que existe y nota que la mira y que no la mira mal.
en aquella oficina acristalada de allí. Acérquense y pregunten. Los compañeros ya les informan mejor. termina por responderles el revisor y dicho esto y aún algo contrariado por lo sucedido se larga a hacer lo que quiera que hagan los revisores de un tren cuando éste está detenido y por tanto ni es tren ni es nada pues no va a ninguna parte y no hay billetes ni absolutamente nada que comprobar tampoco.
Ruth y Jorge le contemplan alejarse. Cuando la distancia es prudencial Ruth suelta:
vaya, qué tipo tan tan amable. De los que te alegran un día.
bueno. Nadie debería esperar que un revisor de tren le alegre el día... a mi me vale con que sepa responder a lo que le preguntes y notando que su comentario, aunque sincero, o precisamente por eso mismo, ha sonado de lo más crudo y antipático, intenta enmendarlo un poco con un más amigable ¿así que vas a Madrid?.
Ruth sonríe, 'sí, a Madrid voy, a tu Madrid de hecho si tú me dejas', pero esto sólo lo piensa. En el plano compartido de la realidad tiene que conformarse con deslizar en el aire un aparentemente desinteresado 'aja', mientras emprende marcha hacia las oficinas indicadas y añade por no perder contacto 'habrá que ir hasta allá pues, a ver que nos cuentan'.
Los vemos alejarse juntos y hasta podemos escuchar por unos momentos que hablan de si es la primera vez que va a Madrid o si había estado alguna vez antes, que si él es de allí, pero que vivió un tiempo en Santander, que aquello es precioso y si lo conoce y así hasta conformar, a base de frases rebotadas en una y otra dirección, trayéndose unas a otras de un modo bastante natural y fluido, eso sí, sin orden alguno, lo que podríamos llamar una conversación amena. Pero no creo que necesitemos seguirles tan de cerca ni ser tan cotillas. Tampoco habrá por qué asistir al puro trámite de la compra de billetes por más que la señora rubia ésa de la segunda mesa según se entra a mano izquierda se empeñe en lanzarme guiños 'yo podría ser tan buen personaje como otro cualquiera, venga hombre, ¿déjame al menos intentarlo?'.
Bastará con decir que Jorge sugiere esperar la salida del tren tomando algo en un bar de la propia estación y allí es dónde nos reencontramos con ellos. Ruth está
On November 23 2008
4 Views
d_brother
On 23/11/2008
Bastará con decir que Jorge sugiere esperar la salida del tren tomando algo en un bar de la propia estación y allí es dónde nos reencontramos con ellos. Ruth está contenta, por una vez ha conseguido vivir lo imaginado y no al revés y eso le sienta la mar de bien. Se la ve radiante.
PD: vaya, se cortó justo el final, ups