Era la hora del pacto contra el calor primaveral, en que el poema del invierno flotaba en el aire, deseoso que se cumpliera alguna vez su fantasía, era la hora en que se encontraron otra vez, la misma parada, los mismos rostros inanimados que vienen y van. Los mares volvieron a hablar, tormentosos, imitaron el oleaje del ayer. El movimiento perpetuo de la ciudad no se detuvo, corre sin descanso, mientras ellos hablaron, hasta que las palabras se extinguieron. Cerraron los ojos. Él llevó sus manos al rostro de Ella, viajó por su trémula piel, se ocultó en la pálida seda, se ahogó en el suave río negro de la dama sin nombre, que dejábase llevar por el toque del caballero triste, con sopor paseaba por sus mejillas, frente, nariz, era la entrada al cosmos etéreo de las caricias; dejó de nadar por sus cabellos, se detuvo en la orilla donde comienza su espalda, hospedó su otra mano en la cintura. Se dejaron llevar por la sangre.
Fragmento de un relato que aún no termino.
Foto de la lectura de cierre de taller del trimestre pasado.
Que nervios, quiero que sean las 4.30 de este martes, espero dormir estos días.
Saludos.
On November 28 2009
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