Avatar cntra

El jueves O Hevi nos instaba a ir para adiante, sempre para adiante. También que ‘a carallada tamén é cousa seria’. A pocos se lo permitiríamos. El positivismo está colonizado, devaluado; sus representantes suelen ser deshonestos o directamente mentirosos. Nos hemos endurecido, frente a ellos. Él recupera como pocos el alcance, semántico, de esa palabra. Hasta llevarla a kilómetros de la candidez, de lo naif, lo hiperestético. Resuena lúcida, nervuda, vigorosa. Fruto de un poso, de una toma de posición inteligente. Podrá decirlo desde Fluzo, Malandrómeda o con su madre a la flauta. Yo le creo.

Tuvimos un compañero en la carrera, Santi Tena. En algún momento fue bastante amigo mío. Hacía cosas raras. Premeditadamente raras, quiero decir. Raras a priori, culturalmente. Cosas que habían hecho los mitos mas extremos, y él las emulaba. Intentando, así, aprehender, inhalar su rastro, en pos de la inspiración. Al poco, le empezamos a llamar Santi Pena.

El sábado toca Mark Kozelek. Ex Red House Painters, ya no sé si ex Sun Kil Moon. Para quién aún no me lo haya escuchado, algo así como mi ídolo. Al menos, el de un período determinado. Ese tipo de figura generacional, coetánea; esa voz amiga, ese timbre desde el otro lado del Atlántico que logró apagar los otros hasta levantar la ficción de hablar exclusivamente para uno; ese tañido que contiene, como una ventosa, el espinazo sobre el que parece encarnarse todo lo propio, las ilusiones, el desencanto, el extravío, la aflicción: la pena. Ay, la pena. La depresión. Hace bien pocos años, después de padecer, personal, familiar o entornalmente, el peso, el enorme peso y sombra de ese término –depresión–, de leer mil teorías y consejos al respecto, alguien me lo explicó, con una imagen. Absolutamente banal, pedestre. Pese o gracias a ese carácter, es la que se ha quedado, conmigo, la que utilizo para explicarla, para mis adentros. Me dijeron: es como cuando vas cargado hasta los topes de bolsas de la compra, y te paras. Te paras porque no puedes más. Te paras porque piensas que no puedes más.

O Hevi, como ya ha quedado dicho, no se para, no lo hará. Al menos no lo suficiente, sí lo necesario. Nunca como estilema. Red House Painters si era algo era pararse. Pararse y mirar parado, lo que pasa y lo pasado. Nunca lo entendí como simple nostalgia, eso sería demasiado débil. Y, para mí, sus discos, su mirada estaba plagada de trazos fuertes. Decisiones, riesgos. Nunca me pareció escolástica. Tenía más bien la forma del bloqueo, de lo estático. Retrovisor, sí, todo el tiempo, pero no pastoril, a veces casi de lo acabado de ocurrir.

Reviso los discos antes de ir. Me siguen pareciendo asombrosos. ¿Se puede decir inmortales? Pues ahí va: inmortales. Ahora, además, aprecio más su rumbo posterior que el legendario, cuando –un minuto después de ser famoso– se dedicó a no ser moderno, a borrarse de esa cosa del slowcore, se cortó la melena y ya fue siempre un señor con cierta papada. En cualquier caso, mi seguimiento se detuvo en 2003, cuando sacó esa barbaridad llamada Ghost of the Great Highway, aún eléctrica, aún en vilo.





On February 23 2011 59 Views



Avatar cntra

Cntra On 23/02/2011

mañana sigue, y acaba, que no entra





Tag - Felicidad
Loading ...