De seguro pensás que se lo que quiero, que estoy seguro de cada paso que doy y de cada palabra que sale de mi boca en lo que a vos refiere, pero creeme que lejos estoy de poder controlar esta tan extraña situación. Con solo decirte que no dejo de temblar desde que tomé la lapicera para empezar a escribirte. Es que si bien no estoy seguro, hoy tomé la decisión de contarte algo, de decirte algo y de pedirte algo.
Mirando edificios manchados con la tenue luz de un atardecer viajero y el cielo celeste, más infinito que ayer y salpicado cuidadosamente por pequeñas y juguetonas nubes, viene a mi mente el recuerdo de momentos compartidos hace apenas unas puestas de sol atrás. Y como te decía, hoy quiero contarte algo, contarte que hace unos días desperté temblando de amor y alegría (por momentos sentía que más era por la alegría y otros que el amor dominaba la situación) del sueño más maravilloso y colorido que tuve en mucho mucho tiempo. Sueño que solo tenía como protagonistas dos bocas, que parecían conocerse desde siempre y necesitarse también de la misma manera. Pero no fue sino hasta que desperté, que me di cuenta que la realidad guardaba para mí, algo del dulce sabor que me dejó el sueño y que de alguna manera dentro de mi mundo, podía al fin permitirme soñar un poco con los ojos abiertos. Y es que no encuentro una explicación más exacta que la de mis fantasías y sueños mejores, para poder describir la inmensidad y diversidad de sentimientos que con un beso de tu boca yo puedo sentir.
Montones de palabras se atropellan unas a otras en mis labios, presurosas de llegar a tus oídos, pero solo dejaré salir las que mejor describan lo que hoy te quiero decir.
Sos inmensa, sos hermosa, sos transparente y angelical. Sos única. Sos un ser que no parece pertenecer a un mundo real, que no parece ser tangible, de esos que ni la imaginación podría crear tan hermosos y tan perfectos. Pero es verdad que sos real y el darme cuenta de eso, me da un poquito de miedo. Miedo a perder la razón, miedo a hundirme en un mar de pasión que me lleve en un viaje sin retorno, a las playas de algún lugar remoto. Miedo también a no poder tenerte entre mis brazos, a no poder besarte, a no ser el dueño de esas miradas que clavás muy profundo y que logran desnudarme por completo en un solo instante. Miedo a no sentir tu piel, tan suave, tan blanca, a no sentir tus olores. Miedo a no poder nadar en ese mar de amor que desata tu oculta pero avasallante pasión.
En fin, solo hablar de vos me eleva del suelo, me pierde en la hermosura de algún lejano mundo de los confines del universo. Imaginate entonces lo que me ha de costar no dejarme llevar. Me siento como una balsa amarrada al muelle de un río revuelto, de aguas rápidas y furiosas.
Y fue así, en algún viaje por tus mares embravecidos, o surcando la inmensidad de tus cielos de eternos atardeceres quizás, que decidí en el centro mismo de esos sueños, que no podía continuar, que la revolución de mi cuerpo era ya incontrolable y que solo podría seguir y aplacar la marea de sentimientos, si lograba proponerte lo que hace rato muero por pedirte que hagas realidad. Y es en este momento, que más que nunca siento que tu cuerpo pide a gritos lo que el mío llora desesperadamente. O es acaso que vos no los escuchas por las noches llamándose el uno al otro, con susurros a veces, con respiraciones también y últimamente con esos gritos desesperados y hasta a veces desesperanzados, pero no por eso menos enérgicos. Se que es imposible el no sentir y el no darse cuenta que no van a encontrar reposo en ningún amanecer, ni verán estrellas tan hermosas como las hubo en las noches en que se fundían en la transpiración del otro y ya ni nosotros nos dábamos cuenta que parte del cuerpo nos pertenecía y cual nos era ajena, pues éramos uno solo. Inventamos océanos de pasión que jamás podrán secarse y que aguardan cada día más inquietos el momento en que volvamos a navegarlos de punta a punta. Sabé que nos aguarda ese edén creado solo para nosotros en aquella distante y perfectamente hermosa estrella a la que jamás hubiese podido viajar de no ser por la suavidad de tu piel al contacto con mis manos, la simpleza con la que tu lengua recorría cada poro de mi piel encontrado a su paso un nuevo sabor un poco más adictivo tal vez que el anterior, sin esa capacidad de encontrar la entrada a tu mundo de la forma más natural, como si ambos cuerpos hubiesen nacido juntos y cada noche que compartían fuese aquél reencuentro tan esperado.
Finalmente así te voy dejando, con las nubes de pensamientos que seguramente cubren ahora tu cabeza y esos recuerdos de momentos únicos que solo piensan en tomarse el barco que los traiga a un presente que les depara ventura y que tiene como nunca, unas inmensas ganas de ver juntos a esos dos cuerpos que desvanecen el mundo desde el instante en que se sienten y no lo devuelven hasta que la pasión haya decidido irse con el sol, esperando un nuevo amanecer.
On September 03 2009
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