Mientras se atusaba el bigote, el Sr. Director que había ido perdiendo su nombre por el camino, pensaba sin mirar a ninguno de los lados. Desde hace unos meses se había acostumbrado a pensar sin que le notase. A tirarse pedos en su despacho sin poner cara de esfuerzo. Y aprovechar a rascarse cuando iba al baño.
Pensaba en sí mismo hace unos años, cuando aún se llamaba M. y soñaba con tener su propio despacho para poder huir de la pesada funcionaria que le traía cafés porque “usted trabaja mucho” y de la pequeña orquesta humana que era su compañero más inmediato, golpeando el borde de la mesa como si fuese el batería de Kiss.
Era curioso darse cuenta que la vida era un eterno cuento woolfiano. Ansiando independizarse, tener una casa propia para aterrizar unos años más tarde en el mismo bucle de sueños de unas cuatro paredes para evadirse las 8 horas que ocupaban en realidad todo el día. Más que nada por tener el poder del cerrojo. Nadie que te sople en la nuca. Ni siquiera esos desconocidos que visionan las grabaciones del transporte público para poder comer palomitas con los compañeros y echarse unas risas a costa de los usuarios ignorantes de la vigilancia.
Por fin llegó la promoción e ipso facto su manía de colgar la chaqueta después de haber cruzado los pasillos de la oficina en actitud de director de todo y remangarse la camisa para estar más cómodo. Por fin las cosas podían hacerse a su manera y no tenía que discutir con nadie, salvo una vez al mes ante el consejo, si así era mejor o peor. Al fin, una habitación propia
Hacía unos meses se acabaron las obras de reforma del nuevo edificio de oficinas y el Sr. Director fue el primero en ocupar su puesto, para indicar a los empleados que las tan costosas reformas habían sido en pro de una mejora de sus lugares de trabajo. Los administrativos, los funcionarios y el personal en general quedaron maravillados de la posibilidad de quedarse mirando los amplios ventanales, un respiro ante la monotía del ordenador; le transmitían que, poder apreciar las horas del día solar y los fenómenos climatológicos parecía algo accesorio pero, una vez experimentado, les resultaba de gran utilidad, que trabajaban con mayor ahínco.
M., en su papel de Sr. Director tomó posesión de su despacho, dejó la chaqueta en el perchero y se remangó, ajustó su silla y se dispuso a leer unos cuantos informes mientras chequeaba el correo. Lo notó alrededor de la segunda semana de trabajo, en septiembre, cuando la empresa reanudó su actividad álgida. Una especie de presión sobre la sien derecha que le hizo girar la mirada en esa dirección. Dos desconocidos oteaban su actividad cómodamente dispuestos en la terraza del edificio contiguo mientras se fumaban el cigarrillo de la libertad. No podía correr las cortinas, no podía bajar un estór, no había forma de colocarse en el despacho para que no le pudiesen ver.
Al Sr. Director, más le valía que su habitación propia nocturna se pareciese más a la de Virginia Woolf
On July 25 2010
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missingchilddren
On 26/07/2010
La verdad que me re gusto tu flog /boite_en_valise, el mio es para ayudar a encontrar chicos perdidos! Me podes ayudar agregandolo a f/f`s mientras mas personas ven las fotos de los chicos perdidos mas posibilidad hay de encontrarlos! :)
Muchas gracias boite_en_valise... :D