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Alta mar uno
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Escritura Nº 42 - Alta mar dos (Años).

Llegaba el dia que esperaban más que ningún otro. Volver.
Volver a su tierra, dejar de soñar entre maderas para poder cumplir esas fantasías sobre un suelo natural.
El día parecía un cuadro de Dalí. Las nubes formaban figuras como si estuviesen dibujadas por alguien, o por algo.
Figuras claras, un cisne, una espada, un ángel y una especie de luna formada por muchas nubes aglomeradas.

El capitán estaba aferrado al timón. Le sonreía a sus marineros, mientras una cerveza le calmaba las ansias al trotar por su garganta.
Ellos estaban eufóricos; No alejaban su mirada del horizonte, esperando ver nuevamente a su tierra.
Uno de los marineros se le acercó al capitán, con la sonrisa más encendida que nunca.
- ¡Ya está, Capitán! - Comenzó, mientras tomaba un trago de la cerveza de este. - ¡Se terminó la odisea!
El capitán volteó los ojos sin mover la cabeza, y le devolvió una sonrisa sutil, nostálgica.
- ¿Crée que nos estén esperando en el puerto? ¿Crée que nuestras familias están enteradas que volvemos hoy? -
Preguntaba sin pausa el marinero.
- No lo sé - Respondió el capitán, tomando otro trago de su cerveza. - La radio ha estado sufriendo cierta interferencia últimamente. Informé al puerto la hora de arribo pero no tuve confirmación alguna de su parte. Será cuestión de suerte-.
- Espero que la tengamos, Capitán - Comentó el marinero, con la cabeza en alto. - Extraño mucho la tierra firme. Mi gente, mi vida, salir a correr..
- Dos años en el mar no son para cualquiera, marinero - Exclama el capitán. - Navegar sin rumbo en el mar es cruzar al velo de la soledad por decisión propia, hazaña a la que pocos hombres se arriesgan. Y los comprendo.
- Usted dejó mucho en tierra, capitán? - Preguntó el marinero, con cierta duda. El capitán dió un respiro profundo y no contestó.
- Disculpe, no pensé que... - Comenzó el marinero, pero el capitán lo interrumpió con una sonrisa, y señaló que el vaso de cerveza estaba vació. Le hizo una seña para que lo llene, sin emitir un solo sonido.
El marinero obediente, tomó el vaso y se dirigió a un barril enorme. Abrió el grifo y un chorro de cerveza anidó en el cristal.
Volvió al timón
- ¡Cerveza, oh, gran elixir! - Exageró el capitán cuando el marinero le dió el vaso. Lo levantó y lo miró a la luz del sol, y comenzó a beber.
El marinero rió. - Capitán, su amor por la cerveza es increible - Le dijo riendo.

- La cerveza cumple milagros y deseos. Uno de ellos fué cruzarnos en cada fiesta antes del fin del mundo.
Amarnos en silencio, como hacen los ángeles que son mudos.
Otros, embobarnos en tu terraza cuando el tallo de las relaciones aún estaba inmaduro.
O regar el cubrecama rosado con las expectativas de nuestra magia sin trucos.
¡Marearnos, sin trucos! - Recitó el capitán.


El marinero escuchó atento y aplaudió - ¡Excelente, Capitán! - Exclamó. La cerveza cumple milagros. ¿Marearnos, eh? Por eso algunos lo llaman "El heroe de los mareos"? - Preguntó el marinero.
El capitán rió con fuerza - ¡No, no por eso!. El movimiento incestante del barco al ser invadido por las olas, marea a los que no tienen experiencia.
Pero supongo que cada uno le encontrará una causa diferente al apodo. Debe haber algunas, que posiblemente, desconozca. - El joven marinero asentía con atención mientras robaba un sorbo de cerveza.
- No he hecho caso omiso - Sentó el capitán por sorpresa, y el marinero miró extrañado - Estoy ansiando volver a tierra. Tengo mucho allí, pero el viaje aún es largo y queda
tiempo para las historias. No lo olvides, dos años en el mar no son para cualquiera.





On February 28 2011 6 Views






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