En ocasiones, tu recuerdo es un caminar despacio
bajo la lluvia de una ciudad
que se decide a olvidarte por el empuje de la prisa
y el fugaz contacto de todas esas manos.
Luego entro por la puerta que me dejaste abierta,
y te veo sonreir porque ya hemos llegado,
que menudas horas, ya no sabías si esperarnos a comer
o empezar con el primer plato.
Pero esperabas, como el tacto de la piel de tus manos,
que acecha la dulzura de mis recuerdos de la infancia
acunando un sol que deja sin agua a las charcas.
Pobres ranitas.
Aquí sigue esperando.
Y en tus manos, una mariquita recorre este recuerdo,
dedo por dedo busca la rama más alta
abre los élitros y despega, creo que cansada de esta zarzuela,
huye a tu vera.
Quiero hablar el lenguaje terroso, calizo. Crujir y mojar
con mi humedad.
Contarle a tus huesos que te fuiste demasiado pronto.
Quiero arrancar aquel cristal de la ventana, que vive
atrapando el vuelo de las palomas en la calle,
encerrando tu reflejo,
el reflejo que mostraba nuestra partida, tu mirada.
Al final quedan tus manos alisando el hule y esa mirada, esa mirada justo donde tú la dejaste.
On September 11 2011
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