Cuando estoy enferma, quiero volver a Giverny, a pasar la convalecencia.
Volver a Giverny con una botella de ese elixir mágico que es al agua tibia con limón, remedio ancestral para curar todos los males, incluso el mal de amores.
Volver a Giverny con una camiseta a rayas de marino para poder llegar a buen puerto o, mejor dicho, a buen puente. Para poder cruzar con paso firme ese puente entre frondosa y famosa vegetación.
Volver a Giverny para tomar sopa de cebolla. Este no es un remedio ancestral, tan solo un remedio francés, pero también ayuda a curarlo todo.
Volver a Giverny a robar furtivamente una margarita que no podré oler hasta que haya perdido su fragancia, seca y sin vida… Como si pareceise que el destino me devolviese a mí mi olfato a cambio de su vida. Nada es gratis.
Volver a Giverny para recordar esa sensación que es mirar al sol con un resfriado y sentir un cosquilleo desagradable y que no importe, no importe simplemente porque es Giverny.
Giverny, sea como sea, es siempre una buena idea.
On November 19 2011
5 Views