Suena el teléfono. Yo ya sé quién es. Su voz parece aconsejarme antes de decirse, antes de que pueda sentir el arropo de la muerte con su bochornoso envite. Y el sudor, la sensación de caerse vertiginosamente de a uno, como un desplome. De que, algo carnoso se fisura en el estómago y corre como una cuchilla, como una cuchilla latente que llevase pendiendo siempre de la garganta, esperando el gesto para lanzarse.
Así tomé consciencia de la muerte la primera vez. Fue un apuñalamiento, un cuchillo entrando en el pan, un corte separando la carne.
On June 11 2010
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