Me he tomado unos días para escribir esto, nunca he sido de las personas que puedan decir las cosas en caliente. Básicamente, nunca acierto. Por eso, y después de que nuestros queridos peregrinos se vayan yendo poco a poco, aquí estoy, sentada y tecleando como hace mucho que no lo hacía.
Respeto y tolerancia son los valores que tengo asumidos y con los que intento ser consecuente. Pero, ¿qué respeto me merecen unas personas que no son capaces de llevarlo a cabo ni siquiera si su misma religión, la que celebran y festejan, invita a ello?¿Se puede colapsar la capital de España de esta forma por cualquier motivo? Seamos realistas, que yo no apoyo ni a los unos ni a los otros pero si el fin era conseguir reflotar un poco la economía española, a fuerza de souvenirs, no se ha hecho. Que lo sepa yo, con lo inculta que soy y no lo sepan los de arriba... ¿alguien ha visto en esta semana a un peregrino dentro de un comercio en el que no se admitieran los vales (dichosos vales)?
Estos días, los adorables y tiernos peregrinos han sacado mi lado más básico. Me han cabreado hasta puntos insospechables con su falta de educación, poca higiene y su ingente cantidad de personas moviéndose juntas. ¿Por qué tengo que soportar que taiwaneses y chinos canten debajo de mi ventana cual tuna a las tantas de la madrugada? A cualquier otra persona no se lo hubiesen consentido pero ellos parecen tener una especie de halo protector que los convierte en intocables. Me parece bien que lo celebren, que se celebre lo que se quiera, pero que respeten, entre otras cosas, las horas de sueño, que hay gente que tenemos que trabajar...
Tampoco quiero escribir una Biblia, nunca mejor traído, sólo terminar diciendo que ojalá no se vuelva a celebrar aquí ni más jornadas, ni expos, ni Juegos Olímpicos. Sí, Gallardón, lo he dicho NO A LOS JUEGOS OLÍMPICOS!
On August 24 2011
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