Hay veces que solamente escribo para saborear las palabras. Me siento conectada con el mundo cuando escucho el sonido de mi voz sobre el papel.
Relajo la muñeca y me concentro en lo asombrosamente automático de mis trazos, en la ligazón de las letras y los silencios en el espacio que separa las palabras.
Me sorprendo cada vez de este regalo que he encontrado elaborado y preparado al llegar a este mundo. Soy afortunada porque estoy hecha para quererlo. Y ese amor convierte la utilidad en arte y lo hace todo un poco más mío.
Cuando escribo, lo hago siempre como una carícia en mi espalda. No hay nada más íntimo en el mundo que pueda ser a su vez de cualquier otra persona.
On April 19 2010
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