Hermano cuerpo estás cansado
desde el cerebro a la misericordia
del paladar al valle del deseo.
Cuando me dices: alma ayúdame,
siento que me conmuevo hasta el agobio
que el mismísimo aire es vulnerable.
Hermano cuerpo, has trabajado
a músculo y a estómago y a nervios
a riñones y a bronquios y a diafragma.
Cuando me dices: alma ayúdame,
sé que estás condenado, eres materia
y la materia tiende a desfibrarse.
Hermano cuerpo, te conozco,
fui huésped y anfitrión de tus dolores
modesta rampa de tu sexo ávido.
Cuando me pides: alma ayúdame,
siento que el frío me envilece
que se me van la magia y la dulzura.
Hermano cuerpo, eres fugaz,
coyuntural, efímero, instantáneo,
tras un jadeo acabarás inmovil.
Y yo que normalmente soy la vida,
me quedaré abrazada a tus huesitos
incapaz de ser alma sin tus vísceras.
Benedetti. Desde el alma.
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Un año después, otro adiós.
¿Dónde iréis?
Os quiero.
On July 28 2011
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