Y así el pequeño niño abrió los ojos una vez mas y se dio cuenta de que todo había cambiado. Nada estaba en su lugar, todo diferente. Intentaba permanecer buscando algún atisbo de realidad que le hiciese reconocer algo en su vida, pero nada era lo mismo. De su ojo izquierdo salió una lagrima. Era diferente de todas las otras. Era roja, roja como la sangre. De hecho era sangre, de la mas intensa y pura bombeada por su corazón, y con ella se acabó todo lo que quedaba. Ahí estaba la realidad tan buscada... A él ahora solo le quedaba el vacío, la inexistencia del saber que no había nada detrás ya. Solo un puñado de mentiras que impedían ver mas allá de ellas. La esencia se había ido y con ella toda su pureza. ¿Quien sabe si algún día se podría recuperar? Algunos dirán que el tiempo lo diría, otros que solo su empeño podría sacarla de esta. Pero él lo tenia claro, no había redención, no más páginas por escribir ni tinta para empezar un nuevo libro. Incluso la mano con todos sus dedos estaba rota, cosa que desmerecía el esfuerzo de buscar otro sitio donde seguir escribiendo su historia. La misma presión de su pecho se lo indicaba, ese tipo de presión ocasionada por el gran vacío ocasionado después de tanta succión. Esa sensación lo estaba devorando por dentro y ya había llegado el punto sin retorno que había acabado con él. Siempre lo había tenido todo, pero la única cosa que él deseaba no fue capaz de protegerla como prometió y por eso se encontraba así. Triste, solo, desamparado, sin lugar donde acudir. Ya no tenia patria ni hogar al que volver... Y solo le quedaba huir. Pero, ¿Hacia donde? La vasta intensidad del planeta que le rodeaba... Tan grande y a la vez tan pequeño solo hacia que presionarle. Un escalofrío le recorrió de arriba a abajo. Los recuerdos. Esos pensamientos que le atormentarían durante esa vida y las siguientes. Y no porque fuesen malos, pues fácil hubiese sido deshacerse de ellos entonces. Sino porque eran gratos, demasiado incluso como para haber existido. Y el hecho de haberlos ido olvidando poco a poco con la confianza de que serian eternos y no podrían guardarse ni siquiera haciendo una buena criba solo acentuaban su intensidad. Pues no era mentira y tampoco había tenido el suficiente tiempo como para desbordar el límite de almacenamiento y seguían todos ahí. Más y más parecían no acabarse nunca, y sabía que no lo harían. ¿Como puede ser que con lo corto que le hubiese pasado, tantos recuerdos siguiesen ahí? Se lo preguntaba constantemente y no encontraba la respuesta. Entonces sin saber porque rompió a llorar. ¿Donde estaba todo este arrojo cuando realmente lo había necesitado? Se sentía culpable de que las rosas se hubiesen marchitado, porque aunque nadie se lo había dicho, él sabia perfectamente que ese era su jardín y tenia que haberlo protegido a tiempo. Pero ese no era el verdadero problema, el factor que más le preocupaba eran esas vocecillas en su interior que le susurraban que no eran rosas desprotegidas, ni que debía autocompadecerse siempre pues había hecho lo que había podido y no todo siempre tenía que ser su culpa. Pero no había crecido aprendiendo otra cosa y su extrema lucidez solo le servia para repetirse una y otra vez que todos los errores eran provocados por él. Deseó morir. Por una vez quería paz para su alma de una vez, ese tormento debía cesar y no sería capaz de cesarlo por mucho que su espíritu lo necesitase. Pero lo desestimó enseguida. Mucha gente hubiese deseado eso y mucha otra no se lo merecía. Y aunque ellos lo hubiesen abandonado, pisoteado y olvidado, él nunca se olvidaría de ellos. Nunca. Dejó de llorar. Y otra vez la resignación volvió a él. Conoció esa sensación, ese remolino de emociones que acabarían desquiciandole. ¿Donde estaba la gente que estaba a su lado antes? Los oía a lo lejos, aunque ellos intentasen volver ya quedaban demasiado alejados del epicentro de todo ello y de nada servía. El tiempo pasaba muy lento, tan lento que ya no parecía tiempo, solo oscuridad. Y él solo deseaba descansar, cerrar los ojos y no volver nunca más a ver nada. Sabía que si lo hacia no despertaría nunca pero... era tan tentador. La gente pasaba a su alrededor y no se daban cuenta de que estaba ahí. Siempre tan callado, con lo que un día el fue y ahora era tan poca cosa. Otro escalofrío, y con él otra tonelada de recuerdos. Mas dolor en vena. No sabía como demonios debía acostumbrarse a eso si ni tan siquiera podía soportar rememorarlos uno a uno. Sus ojos se volvieron a llenar de lagrimas por enésima vez pero esa ocasión fue diferente. Apretó los labios implorando al cielo la fuerza necesaria para contener ese llanto, y entonces el torrente cesó. Existía una remota posibilidad de que ya ni lagrimas quedasen en su cuerpo. La luz de sus ojos estaba claro que hacia tiempo que había desaparecido pero todavía recordaba con claridad como y cuando se iluminaban por lo que miraba. Muchos de esos momentos los protagonizaban los recuerdos que ahora tanto le dolían dentro.
On August 02 2010
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alex_otaku
On 02/08/2010
Aún no podía creerse que todo eso hubiese acabado. Las ganas de gritar le corroían todo su ser una y otra vez. Buscó a su alrededor algo que destrozar, todo tenia demasiado valor, tanto emocional como físico. Ya no sabía que hacia otra vez. Por aquel entonces ya había perdido la cabeza y no supo que mas decir. Esperaría a verse consumido incapaz de escribir tanto como antes ni tan bien.
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