Una agresiva campaña de publicidad callejera asombró y llamó la atención hace unas semanas a todos los viandantes. Una nueva marca de calzoncillos exhibía en las marquesinas de nuestras ciudades, a un modelo-cachas, como es natural- con la prenda en cuestión y al que alguien había hecho una eficaz diana en el centro de lo atributos que esa prenda interior debe proteger. Confieso que tuve que acercarme a la maequesina para ver que no era una pedrada de verdad, que algún(a) furioso (a) había propinado al anuncio, herido tal vez en su pudor. Pero no, era una eficaz diana publicitaria a la que nadie dejaría indiferente. En cierto modo es el primer deber de un publicitario. Hasta aquí nada nuevo. Estamos acostumbrados desde hace mucho tiempo a que tanto el cuerpo de la mujer como el del hombre se utilice de una forma sexualmente estimulante para provocar a los ciudadanos. Prestigiosas marcas de ropa interior, como Calvin Klein (que fue la pionera en esto), Armani, Diesel, ES o Bikemberg han utilizado hasta la saciedad los atractivos naturales de modelos y personajes famosos, como Victoria y David Beckham, Freddie Ljungberg, Cristiano Ronaldo, Esther Cañadas, Katie Moss, y una larga lista. En la última semana la nueva campaña del diseñador norteamericano utiliza estelarmente a Fernando Verdasco, el famoso tenista como gancho para su nueva campaña de ropa interior. Ya está en todas las vallas. Esto me lleva a hacer alguna reflexión sobre la publicidad y sus connotaciones sexistas.
En nuestro país se regula la publicidad por la Ley de 1988, con sendas reformas de 2002, para adaptarse a la normativa europea y de 2004 cuando se promulgó la ley de violencia de género. En su articulado se cuidan los derechos de los niños, consumidores y un largo etcétera que normalmente no se tiene en cuenta a la hora de poner en marcha campañas publicitarias que atentan contra la dignidad de la mujer, de los niños, de los hombres o simplemente del buen gusto,- crece a velocidad de vértigo la publicidad escatológica... Y lo curioso es- puede observarse viendo todas las televisiones (excepto TVE que ha quedado privada de esta fuente de financiación) y no haciendo uso del mando a distancia en las pausas y cortes de publicidad. Así podrán observar, por ejemplo, que parece que sólo las mujeres tienes gases, se tiran pedos, padecen diarreas, estreñimientos, hemorroides, perdidas, dolores de piernas, picores vaginales o quieren adelgazar, Verdaderamente humillante. No sé cómo todavía las feministas no se han fijado o no han protestado. En cambio los hombres utilizan desodorantes que arrastran tras de sí a las féminas enloquecidas, colonias que les hacen irresistibles y conducen motos y coches potentísimos. ¿Qué hace el organismo regulador sobre este tema? Nada. Cada día es más frecuente la utilización descarada y a veces denigrante del cuerpo de mujeres y hombres para fines publicitarios. Y el peor papel siempre peor se lo llevan las damas. ¿Por qué luego nos escandalizamos porque la espiral de la violencia de género no acabe nunca? José Infante
On February 07 2010
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auxigi
On 07/02/2010
Por no olvidar, que las mujeres son las que cocinan, y se vuelven locas bailando en los supermercados por las ofertas, cantan cuando quitan las manchas de la ropoa, y como olvidar aquella interesante pregunta de" ¿A QUE HUELEN LAS NUBES?" para anunciar una conocida marca de compresas. En fin para sentir verdadera vergüenza.