Puedes perder el contacto con un amigo, no devolver las llamadas, pasar de los correos electrónicos, olvidarte de los cumpleaños, los aniversarios y las reuniones, pero si te presentas en su casa (con un regalo), la norma social establece que te tiene que perdonar; tiene que actuar como si no hubiese pasado nada. El decoro dicta que la amistad medra desde ese punto sin cabida para la culpa ni la recriminación. Si empezaste una partida de ajedrez hace diez años, en el mes de octubre, solo tienes que recordar a quién le toca mover (o por qué vendiste el juego de ajedrez y te compraste una Xbox durante el tiempo transcurrido). Mira, el perdón navideño es algo maravilloso, pero no es un desplazamiento dimensional. Las leyes de espacio y el tiempo siguen aplicándose por mucho que hayas intentado esquivar a tus amigos. Pero no trates de emplear la expansión del universo a modo de excusa, como decir que tenias la intención de pasarte, pero que la casa te pillaba cada vez más lejos. Esa mierda no sirve. Limítate a decir “siento no haberte llamado. Feliz navidad”, y enseña el regalo. El protocolo del perdón navideño dicta, a su vez, que tu amigo responda “No pasa nada” ,y te deje pasar sin más comentarios. Así es como siempre se ha hecho.
El ángel más tonto del mundo, Christopher Moore.
On December 31 2010
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