Cielo gris, entre pizarreños rasgados, piso irregular, oscuridad natural.
La cama es grande, el amor se quema en ella y el destilado del último momento tiñe las sábanas, y las manos, y el recuerdo.
2 horas viajando en mi mente, como en otra dimensión en la que el tiempo vuelve a repetirse para lapidar al alma, para florecer la culpa, para mostrar lo que se perdió, lo que se extinguió, lo que no volverá.
2 horas, 4 noches, unos meses, la vida.
Porque puede que la vida se restrinja a una porción y luego el futuro parezca otra. Pero la inflexión es incierta, el camino es incierto... la fuerza se escapa, los minutos, los perdones...
Cuando es tarde, es tarde.
Cuando el tren se ha ido, se ha ido.
Cuando las palabras se atragantaron siglos enteros, pierden valor.
Cuando la culpa consume cada pedazo de alma, se pierde el sentido de todo.
De modo que hay que caminar, ahora, suspendida en un tremendo vacío de emociones y una inundación de inspiración triste. Pintar máscaras para usar en lo que queda de tiempo, mientras mi tiempo, el propio, el interno... dejo de correr.
Letras al silencio, cuando no hay nadie a quien hablar...
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Ceniza, polvo y encierro se huele aquí.
On August 28 2011
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