Hoy me he encontrado parado a las siete, tal y como decía un cuento de Panini que descubrí gracias a Bucay.
Deambulando por el metro ocurren cosas y aunque intentemos que no, forman parte importante de nuestras vidas. Sí, el simple transporte a veces te hace descubrir "impertinencias" que te hacen pensar y que si no estuviera ahí para nosotros no pasarían y nos perderíamos cosas que nos hacen felices.
Hoy me he sentido parado a las siete, ¡en punto! Ese reloj que jamás se marea porque su mecanismo le ha abandonado, se ha quedado en esa hora. Y mientras los demás relojes del mundo hacen sonar sus siete campanadas, el mío cobra vida justo en ese momento. Sólo vive un minuto. Después, cuando todos siguen su curso, el mío muere de nuevo.
Hoy me he sentido parado a las siete. Iba ligero por Diego de León, parada larga donde las haya, pero paradójocamente hoy esa elongación no me ha parecido soporífera. Había un músico amarrado a una guitarra. Era la segunda vez que lo veía. Su música me ha llegado. Todo ha cobrado sentido. Ha sido el momento. Eran las siete. Todo ha vivido por un momento. Mis pasos se ralentizaron al compás de su música, pero sin parar. ¡Qué gozada!
Al cabo de unos pasos y escaleras pasaron las siete y un minuto. Todo volvió a la normalidad. Pero... ¿no es genial que ocurran estas cosas y encima sin esperarlas?
Me gusta Madrid. Me dan las siete muchas veces y no me doy cuenta.
Perdón por el retraso...
Música: Intermezzo nº 2 op. 118 Brahms (una delicia)
http://www.youtube.com/watch?v=4iF4Rn2b4T8&feature=related
On February 09 2011
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