Las manos se soltaron por última vez, el roce suave quemó, dolió en el pecho entrelazado con la congoja. Sintió que fue en cámara lenta, lo supo, ya no más, otra vez.
El duelo era lo que más detestaba del amor, pero era, también, el destino que más recorrió, más que la misma felicidad. Superar las pérdidas, asumir la soledad, encontrarse consigo misma y hacerse frente.
Lo miró desde la ventanilla, sabiendo que era la despedida, dolorida, con el arrepentimiento en la punta de la lengua contenido por la barrera de los dientes. Le dolía perder tantos recuerdos, pero la decisión era en base al futuro.
El motor dio el paso restante y la lejanía empezó a expandirse. Dos fuentes de lágrimas se inauguraron en el instante mismo. Dolía, y mucho. Habían aplicado la eutanasia a la relación agonizante que los mantenía juntos. Las hojas ya no escribirían relatos de dos, sólo reminiscencias de un pasado hermoso, pero muerto.
La película empezó a correr para los dos, y una plataforma de anécdotas, risas y alegrías se siguieron haciendo agua en sus ojos, recreaban la nostalgia de uno y del otro, de los dos.
El amor existió, pero desnutrido, se transformó en melancolía, dulzura y recuerdos.
Él la perdió a ella. Ella se perdió a si misma.
On November 18 2008
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