Son muchos los enigmas que encierra el ayate o tilma de Guadalupe, una prenda que llevaba la gente más humilde de Nueva España. Para empezar, es sorprendente el estado de conservación de esta pieza, elaborada con fibra de agave potule, planta típica de la región, que suele descomponerse tras una vida máxima de 20 años. Sin embargo, el ayate de Juan Diego lleva 470 años sin desgarrarse ni descomponerse, y, por causas desconocidas, es refractario a la humedad y al polvo, a pesar de que los primeros 116 años no estuvo protegido por un cristal. Un frasco de ácido nítrico volcado accidentalmente sobre la imagen en 1791 tampoco dañó el tejido, ni le afectó la bomba que en 1921 destrozó todo lo que había a su alrededor.
En 1936, el premio Nobel de Química Richard Kuhn analizó las fibras de la imagen guadalupana. Su conclusión dejó atónitos a todos: en ellas no existe ningún colorante conocido del reino vegetal, animal o mineral; dado que en aquella época no existían los colorantes sintéticos, la imagen es inexplicable. Entre 1954-63, Carlos Rivera sometió el ayate a un minucioso análisis con rayos X, al término del cual concluyó que la imagen no estaba pintada, sino impregnada.
Estos estudios fueron confirmados en 1979, cuando dos científicos de la NASA, P. Callagan y J. Brand Smith, analizaron la imagen con rayos infrarrojos, concluyendo: el ayate carece de preparación alguna; no hay esbozos previos como los que se descubren en muchas obras pictóricas; ni hay pinceladas. La técnica empleada para crear la imagen es absolutamente desconocida. Concluyen que la imagen no tiene explicación posible, salvo algunos retoques y añadidos (como el ángel y la luna a los pies de la Virgen), probablemente con la intención de tapar los desperfectos originados por la inundación de 1629 y preservar los bordes del lienzo.
En 1983 Mario Rojas y Juan Hernández estudiaron las estrellas que aparecen en el manto de la Virgen, y concluyeron que la disposición de las mismas coincidía con la posición de las estrellas en el firmamento mexicano el 12 de diciembre de 1531 a las 10 y 37' de la mañana, momento del milagro guadalupano.
Pero lo más asombroso de la imagen se encuentra en sus ojos, donde las técnicas modernas de digitalización fotográfica han permitido encontrar el reflejo diminuto de al menos 13 personas.
Todos los estudios realizados en la tilma mexicana -sobre su conservación, colorido, estampación de la imagen, ojos-, pueden resumirse en una palabra: inexplicable. Fue la palabra de Callagan y Smith en su informe.
On October 09 2008
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