Último paseo del año por Segovia. Una ciudad que se muere de frío vestida de navidad. La gente sonríe mucho. Intercambian bromas y deseos mientras se comen un bocata en la Calle Real. Las luces se reflejan en sus pupilas y hoy no importa no llegar a fin de mes. Incluso aquel que no es feliz, finge serlo. Es Navidad.
Y luego estoy yo. Con el corazón en la garganta, esperando tropezarme con tus hoyuelos al doblar la próxima esquina. Estás más guapo cuando eres feliz. Cuando sonríes. no sabía que el frío de Segovia no es cosa del invierno, sino de ti.
Entonces por la radio anuncian que se acerca una tormenta. Una de las gordas. Con avalancha de nieve incluida. Con distancia, también. Sálvese quien pueda. Pero nadie está a salvo de los aguaceros si donde llueve es en el corazón. Y en el mío, diluvia. Porque el año termina mientras imagino cuántos lunares hay en tu espalda. Y eso de pensar en espaldas no estaba en mis planes hace meses. En los tuyos, supongo, tampoco.
La felicidad está dentro de cada uno, no la busques fuera.
On December 21 2011
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